Fachada de siglos bajo la sombre de la fe.

Autor: Juan José Prieto Larez

El tiempo camina el rostro de los asuntinos.

Autor: Juan José Prieto Lárez

Espacio de los misterios.

Autor: Juan José Prieto Lárez

La promesa.

Autor: Juan José Prieto Lárez.

Toño, de museo.

Autor: Juan José Prieto Lárez

domingo, 15 de marzo de 2015

EL VUELO DEL BÚHO - Margariteños de Felito.

Margariteños de Felito



Juan José Prieto Lárez


A dos años de su partida aún queda el vacío. Y quién sabe por cuantos años más. Hace dos años Felito quiso despedirse para estar siempre a nuestro lado, con más ahínco, con más verbo. Con su poesía abriendo surcos en la mar que era lo primero que sus ojos miraban al despuntar por entre el costillar de los botes la figura de la luz, atraída por el espejo marino deslumbrante. Debo gratitud a su palabra de amigo, maestro más bien, floreciendo como espiga en el encuentro de la palabra con los sueños ascendentes explorando el bautizo de los tiempos.


Fui afortunado por descubrir a Felito. Por tenerlo cerca, unidos en la poesía, en los cuentos, en la jodedera, en conocer nuestra talla de margariteño. En saber también de los miserables de espíritu tendidos en el fango del egoísmo construyendo propelías. Pero su facha de hombre sabio contagió al ilustrar que hay un sentimiento más hermoso rebosando los fondos retorcidos de la saña que se desvive en descalificar, ese es el mundo de los mediocres. Felito, con su clima de paz, su regazo de padre, con su alegría de pastor supo amansar la furia haciéndola vulgar bagazo.


Nos dejó todo su pensamiento, lecciones, y no angustia de la nada. Nos dijo como andar las leguas de caminos desviando los acantilados de la impostura. Supo decirnos de la aventura, de escribir que viene siendo la memoria. La ribera de una historia excelsa de heroísmo, no el atajo revulsivo de gritos y antorchas de lágrimas. Felito también conoció los monstruos apertrechados de malicia, él con su ingenio, miraba por las tardes el ocaso de costumbre y escribía incansable de nuestros héroes, su dignidad y el curtido abrigo que tanto salvó a la Patria.


Felito ya no está. Nuestro mayor homenaje a su testarudo empeño por enseñarnos es seguir siendo impetuosos con la palabra buena, como candela, osada como el vientre de la playa que vierte en su marea el despacho encandilado de profundo arraigo, como si fuera la firma de Dios sobre nosotros, los margariteños encantados por esta tierra.





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domingo, 8 de marzo de 2015

LA LENGUA DESNUDA - Cantares de sangre y plomo.

Cantares de sangre y plomo


Juan José Prieto Lárez*


Juanito poema y Juanita cantares. Juntos fue la pasión viva de vivir la alegría aderezada con música y cantares. Los dos juntos fueron el capítulo aventurero del corrío mexicano en tiempos de la declaración revolucionaria. Fueron el extremo entre la simpleza de la muerte y las profundidades dialécticas. Entre el compromiso de querer patria y el sentir consecuente de la ideología. Ambos vivieron la audacia rebelde de fundir versos y el plomo golpeando pechos. Teñir de rojo un tiempo fatuo, y sobre el mismo rojo crecer la sed nueva al son de un pueblo distinto con gentes de conciencia nueva. Juanito y Juanita desafiaron la mancha desoladora que carcomía la vasta geografía del México indomable, pero aun así espoleado por la traición de manos mordedoras asfixiando el brote libertario. Ellos cantaban y recitaban y bailaban al son del pueblo concediendo versos alentadores, pregonando el ladrido de la pólvora.


Cambiaban de aldea según el curso de la caravana combatiente, con gotas de sudor anegando el desierto íngrimo, convidando las serpientes a sumarse a la lluvia de la conciliación por merodear el triunfo. Un bojote de pinches cosas era todo cuanto poseían, eran fervientes enamorados de las causas  justas por los más oprimidos. Eran así de sucesivos en la práctica humanista, poéticos hasta en el roce social, el canto poemario como bálsamo al dolor por la ausencia de todo cobijo.


Ellos, Juanito y Juanita masificaron el discurso llano que dice mucho cuando todos callan. Se atrevieron  conferirle a la palabra gargantas frescas levantándose como criaturas ecuestres con fuerza para devorar el derrame de distancias para no sentirla prisionera, sino que más bien fuera escuchada más allá de la serpentina que bordea y da forma a México en el mapa extenso de las américas.  Poco a poco la mesura de la ganancia se fue haciendo visible en la radical revuelta campesina contra Porfirio Díaz, quien va a elecciones en 1910, pero antes hace preso a Francisco Macedo, candidato solidario con los humildes, quitándole así sus derechos constitucionales.


La revolución mexicana comenzó el 5 de octubre de 1910. Con el pregón del Plan de San Luis, Macedo llama al pueblo a levantarse en armas y para el 20 de noviembre de ese año declara nulas las elecciones presidenciales. Luego se suceden muchos hechos arreglados debajo de mesas. Las voces de Emiliano Zapata y Francisco Villa retumbaron junto a sus figuras fulgurantes para iniciar fecundas incursiones contra la fealdad gubernamental de esos días de descompostura. Para llevar por siempre el recuerdo de Juanito y Juanita surgió de la dureza de los cascos duros y miras de fusiles este corrío revolucionario titulado “La rialera”, que así dice:


“Yo soy la rialera y tengo mi Juan,
él es mi vida yo soy su querer,
cuando me dicen que ya se va el tren,
adiós mi rielera ya se va tu Juan…”


Ambos murieron igualitos a la revolución, bajo el fuego que se hizo espejismo, borrada por la misma arena del desierto inundada una vez con el sudor de las ganas y mirada de suspenso.




*Periodista
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EL VUELO DEL BÚHO - Mientras perdure la noche.

Mientras perdure la noche


Juan José Prieto Lárez*


Cuando se hizo el milagro de la luz eléctrica en Margarita, un respiro de consuelo recorrió el más humilde de los rincones. Una contentura colectiva que duraba pocas horas, mientras algunos quehaceres domésticos eran posibles gracias al dinamismo que viajaba por aquellos finos hilos, que parecían más bien venas en las paredes de bahareque enmudecidas en blanco de cal. Algunos postes sembrados en la tierra cobriza desplegaban desde su altura el halo amarillento que envolvía el tizne de las nuevas noches, las mismas calles con tunales en franca guardia contra cualquier intruso que quisiera tantear en patio ajeno.


Había tanto silencio en la Margarita de entonces que solo se escuchaba el gorgoreo de otoñales plantas que daban origen al resuello brillantino. En La Asunción, Basilio Hernández tenía el poderío de iluminar, de rociar con soberbio brillo la incauta oscuridad. La contemplación luminosa fue una tregua que pronto se amoldaría a noches y madrugadas angustiosas. Por aquellos días de penurias los cuentos de aparecidos invadía la paz interior, apretando el pánico contra las ganas de sueño. Azuzaba los sentidos, agitando el cuerpo en las protuberancias de las pesadillas, el zumbido del miedo, las llagas del muerto recién. Las horas eran un látigo inconforme, en el friso de los párpados, convertidos en testarudos carcelarios con espinas en los pies entumecidos.


Todo sucedía cuando el corazón de aquellos monstruos alimentados con gasoil dejaba de latir. La Asunción se convertía en una vasija desenterrada de siglos corroídos por almas en pena. Todo ruido era algo. Cada sombra alguien. La luna siempre lucía un rostro mancillado, como un trazo olvidado en un lienzo. Así se fueron fraguando cuentos como el del cura sin cabeza que salía en callejón de Franzo Aguilera con un cabodevela entre sus manos. La chinigua dominando su territorio desde el Otro del río hasta Cocheima. El guerrero gigantón que bajaba por Cantarrana en su caballo más grande aun arrastrando pesadas cadenas, decían que era el tirano Aguirre buscando matar, jamás dejó un rastro. En El Copey la llorona con su llanto desconsolado por su muchachito muerto. Pero el más original de los espantos fue el encapotao, que abandonaba su hogar para hundirse en la cama vecina hasta los primeros efluvios del alba. A pocos meses nacía un niño o niña sin conocerse su legal concepción. Los vientres sin marido eran comunes en tiempos de oscurana. Cuando la electricidad se hizo costumbre se acabó la sinvergüenzura, en conclusión, todo fue un invento para que nadie dejara sus casas y así la infidelidad daba rienda suelta a cuernos con amores clandestinos.




*Periodista
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lunes, 2 de marzo de 2015

LA LENGUA DESNUDA - Luces, cámara, Polanski.

Luces, cámara, Polanski


Juan José Prieto Lárez


El tristemente célebre director de cine, Roman Polanski se va consumiendo en su propia conciencia. Su instinto animal lo llevó como oruga a internarse en sombríos escondites donde no escuche el alarido de una sirena policial, porque la piel se le eriza, la voz se le tuerce, es como si su propio yo demandara una vía de escape a la nada, a los confines de la razón. Vive incrustado en un pasado que no se irá jamás, porque está sentenciado por la tragedia, su drama, su película.


Toda su existencia está agujereada igual que una cinta cinematográfica. Cada cuadro revela facetas inesperadas, habita su real historia kafkiana. Ya tiene ochenta y un años y todavía lo hiere la tersa piel inocente, asustada de Samantha Gailey, la niña de trece años que sucumbió al tormento libidinoso de un jugador sombrío que acosó su debilidad envuelta en un deseo de fama y fortuna. Un sueño de la adolescencia norteamericana: Hollywood. Con sus luces, cámaras y la acción histriónica de una estrella. Polanski desentrañó con su musa fílmica la psiquis humana “El baile de los vampiros”  y “El bebé de Rosemary”, entre otras, lo catapultaron como un director de signos intelectuales en un mundo sórdido y trashumante hacia el brote de lo desconocido donde acecha los ojos de la serpiente esperando atacar.


Esa serpiente visitó su hogar en la figura de Charles Manson, quitándole la vida a su esposa Sharon Tate y desgarrando su vientre para ver morir el prodigio de la unión amorosa. Otros amigos hicieron larga la lista del horror sufrido. La palidez de Polanski ha ido envejeciendo como su menudo cuerpo, en una marea de insomnio y el ardor del pecado circulando entre callejones con mordidas de exceso. Una suerte de infierno interior. La justicia va tras él hundiéndolo en la zozobra y donde pise allí está la proclama de hacerle pagar su colmo pervertido. En Cracovia habita con sus fantasmas bajo un cielo cerrado en gris, así mismo como estuvo su hogar en Cielo Drive, el episodio de la mujer que verdaderamente amó.    





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domingo, 22 de febrero de 2015

Postales de una ciudad que se hace vieja.

Autor: Juan José Prieto Lárez “Pey”




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Artista Asuntino.

Artista Asuntino
Luis Antonio Rodríguez, el Pintor maravilloso.


Autor: Juan José Prieto Lárez “Pey”




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LA LENGUA DESNUDA - El show debe terminar.

El show debe terminar


Juan José Prieto Lárez


Convertido en un noticiero de entretenimiento, así quedó para la posteridad el programa Nightly News de la NBC y conducido por el periodista Brian Williams. Uno de los programas de más alto rating en los Estados Unidos de Norteamérica ha entrado en fase terminal: el espacio televisivo y quien lo dirige. Todo por la consecuente impertinencia de Williams de hacerle creer a sus seguidores que él es el héroe en los grandes episodios nacionales e internacionales. Que su periodismo va más allá de toda ética para asumir el riesgo de perder la vida por “informar” con veracidad y la religiosa objetividad los hechos.


Hace una semanas las sandeces y aspiración de coloso comunicacional aseguró por Dios y su madre que había estado en un helicóptero sobre la zona de guerra, mucho más y nada menos, que en Afganistán, donde todo objeto animado era blanco perfecto de francotiradores experimentados, y acoso militar de constancia sangrienta. Pues bien, este niño de pecho en materia guerrerista divulgó la supuesta aventura de haber sido baleado el aparato donde viajaba por una ráfaga de metralleta salvándose milagrosamente de las garras de la muerta en combate periodístico. Otros avezados periodistas dieron cuenta de la atroz mentira del tamaño del territorio afgano, aduciendo que para la fecha señalada no se registró incidente alguno contra la cobertura de guerra.


La vanidad de Williams quedó al desnudo sumiendo el periodismo norteamericano en una relatoría egocéntrica, facinerosa. De pronto la NBC se vio envuelta en una madeja de fuertes críticas por no considerar las historias y sus protagonistas llevadas a su cautiva teleaudiencia. Los numeritos bajaron considerablemente provocando el “suicidio” profesional de Williams y la desazón del prestigio televisivo. Quedó así demostrado que para el periodismo norteamericano cualquier síntoma de beligerancia sin cuartel, puede ser llevado al plano de la risa y el aplauso con protagonistas presumidos. Es tan fácil contar la verdad sin faralaos ni encajes, que la gente se irá a la cama con una reflexión de vida a consultar con la almohada.


El revuelo ha sido tan estrepitoso que ya hay una investigación sobre la cobertura que este periodista hizo en el año 2005 sobre el desbaratamiento del huracán Katrina sobre Nueva Orleans. Tal vez emuló a los músicos del Titanic, claro, salvándose por un milagro del Creador. Hasta cuándo el show mediático.





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EL VUELO DEL BÚHO - El blanco rojo.

El blanco rojo

Juan José Prieto Lárez


Han pasado veintiséis años, y aun cuando se miran las calles pareciera que los cuerpos sin vida siguen ahí. Tendidos a la noche al día, con un charco de sangre a un costado. Al paso del tiempo se va distanciando en el almanaque aquel lunes 27 de febrero de 1989, pero en la memoria se aviva en cada venezolano la crónica contemporánea más dolida. Fue cuando los cerros caraqueños decidieron mudarse por un rato a la urbe. Nunca se imaginaron, quienes lo habitaban, que serían protagonistas de la historia que siguió el rastro de los caídos a causa de las balas de la República. Una masacre signada por un poder resquebrajado por el Fondo Monetario Internacional, certificado por Carlos Andrés Pérez, un presidente frágil ante el reto propuesto a su misma razón política.


Ese lunes a las diez de la mañana presto yo a cruzar los islotes arbolados del estacionamiento de la biblioteca central de UCV, el edificio rojo como le decían por aquellos días, rumbo a tomar el colectivo más usado en la Caracas de entonces: el San Ruperto, ya que por extrañas razones una atmósfera de tensa calma se apoderó de aulas y pasillos de la máxima casa de estudios. Decidí irme al centro de la ciudad. Allí me topé con mi amigo Roberto Ruiz, quien en años siguientes se convirtió en compadre de sacramento y me dijo abriendo el maletero de su carrito Zephir amarillo: ¡ no hay clases!. Él culminaba sus estudios de Odontología y estaba parapetando un local cerca de su casa en Los Rosales que sería su clínica privada. No supo darme más razones de la ausencia estudiantil. Acompáñame a Catia a comprar cerámica. Enfilamos por la avenida Victoria hacia Roca Tarpeya, por el canal contrario no pasaba carro, en las aceras de ambos lados mucha gente a pie. Encendí el radio que habitualmente, Roberto, como músico lo tenía sintonizado en Radio Nacional. Busque las noticias. Ya hablaban de la propagación de los desórdenes que comenzaron en Guarenas muy temprano en la mañana. Algo está pasando me dijo.


Cuando giramos a la derecha para enrumbar hacia el Helicoide vimos que un centenar de motos y patrullas venían en manada por la avenida Nueva Granada, con las luces encendidas parecía un reguero de candela a pleno sol. Roberto se vio obligado a saltar la isla, y nos adelantamos para adentrarnos por el Cementerio hasta llegar a Los Rosales, subimos al bloque # 6 donde él vivía. Nos recibió Nicha, su mamá, muchachos me hacen el favor y no salgan que Caracas está encendida. Los canales de televisión daban cuenta de manifestaciones por todas partes, en el barrio la Cruz que colindaba con El Valle se notaban columnas de humo. Cuando cayó la noche los saqueos eran inminentes, el negocio de los chinos, una carnicería, una venta de lotería y un abastico que surtía a los vecinos no tardaron en ser víctimas del pillaje. Un curioso personaje, Julio Quintana, que vestía de blanco todos los lunes fue apresado por tres guardias nacionales. Nosotros, desde la ventana de una de las habitaciones que daba justo a la calle, escoltamos al grupo hasta que la esquina del pequeño edificio truncó el seguimiento al celaje níveo, segundos más tarde se escuchó una seguilla de tiros. Al día siguiente con ojos entumecidos vimos trazos húmedos de rojo repitiéndose en la calle, en las aceras. Caracas amaneció de muerte.





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domingo, 15 de febrero de 2015

LA LENGUA DESNUDA - Crisis calibre 22.

Crisis calibre 22


Juan José Prieto Lárez


El disparo de una pistola calibre 22 ha estallado en el parietal derecho del fiscal Alberto Nisman y el corazón institucional de la Argentina. Cómo pensar que escasos milímetros de plomo pudieran hacer tanto daño. Desde el pasado 18 de enero los cimientos del gobierno liderado por Cristina Fernández de Kirchner se tambalean como un castillo de naipes. Lo cierto hasta ahora es que el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, sigue cobrando víctimas. Alberto Nisman debía presentar una denuncia ante el Congreso de la participación de la Presidenta Cristina en una suerte de encubrimiento a los iraníes que participaron en el atentado terrorista más sangriento de ese país.


Designado como fiscal especial para investigar el caso Amia por el fallecido Nestor Kirchner, Nisman se dedicó por entero a palpar una trama llena de conspiraciones, complicidades, muertes, misterios, muchos intocables. Luego de diez años de arduo ofrecimiento, el Fiscal llega a un triste final, a sabiendas de que su vida también pudiera correr la misma suerte. Su valentía lo empuja a intentar contener un inmenso muro institucional que se le vendría encima tarde o temprano. Estaba en la mira de una silenciosa confabulación, que ha decir de entendidos analistas, jamás se sabrá por el peligro que acarrea abrir la boca en una sórdida jaula plagada de víboras. Nisman llevó sobre sus hombros el entierro de una democracia de apenas treinta años. Estaba asomado a la agonía de una libertad donde los tambores de la guerra solo aquietaron los cueros, que al parecer vuelven a sonar con más estruendo ante el bramido de justicia en una Plaza de Mayo confundida bajo el arcano de la indefensión.


Bien, Alberto Nisman ya no está para contarlo, su grito ha sido sepultado dejando una helada estela de interrogantes con visos de una gigantesca sed de respuestas por parte de quienes ostentan el poder, quienes son repudiados en cada plaza y en la arteria más larga y transitada: la Avenida de Mayo. El rescate a lo dicho por Nisman cuatro días antes de aparecer muerto ha pasado a otras manos para proseguir curso, y la primera instantánea ha sido la imputación de la Presidenta y los más allegados a su toma de decisiones. Arden los bordes de Casa Rosada y muchas manos se estrujan arrugando el sudario de una derrota moral ante la insepulta indignación de quienes dudan la inesperada partida de quien deja un país roto, entre el antes y el después de un suicidio afilado persiguiendo sombras ocultas en el ocaso precoz del kirchnerismo de Cristina.







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EL VUELO DEL BÚHO - Jim de jungla asuntina.

Jim de jungla asuntina


Juan José Prieto Lárez


Sus andanzas de muchacho son famosas en La Asunción, Ismael se llamó, vivió hasta ya un hombre en el Otro lado del río. Las carreras de caballos fueron su pasión y modo de vida. Virtuoso de las modalidades de entonces en materia hípica y todos los jugadores pendientes de las dupletas. Él en sí era un portentoso referente lúdico.


Otro escenario para demostrar habilidades de hombre de río, era la de sacar camarones arrastrados por fuertes lluvias desde la montaña. Montaba una cacería descomunal que consistía en una larga vara de caña brava filosa para ensartar de un envión el suculento bocados de agua dulce. Subía como nadie en las matas de coco o de mango que tanto abundan a orillas del río. Sus hazañas fueron demostración de permanente oralidad en las reuniones de quienes estudiaban en Caracas, los escuchas querían conocer algún día a Jim, el rey de la jungla asuntina.


Dejando la adolescencia era buscado afanosamente para que resolviera el sancocho del día con una picatierra (gallina) y claro está la verdura que por lo general hurgaba en sembradíos de Cocheima, más criollo imposible. Lo espirituoso corría por cuenta del resto de los comensales. Con participación de veinticuatro horas antes le era posible aplicar la técnica del azufre, consistente en quemar a altas horas de la noche debajo de la mata donde pernoctaban las gallináceas, el polvillo de azufrado para que estas gotearan víctimas de un sueño irremediable, así las reservaba para el día siguiente.
  Pero Jim fue mejorando la técnica a tal punto de complacer la exigencia del solicitante. En cierta ocasión grupo de muchachos caraqueños vinieron a La Asunción y fueron conducido a los predios de Jim quien era seguro estaba en alguna tarea de extracción agrícola. Los novatos exploradores miraban a las copas de los árboles creyéndolo un tarzán de guayuco y todo, en eso apareció el personaje y fue presentado. De seguidas le manifestaron que estaban deseosos de un sancocho y  necesitarían unas gallinas. A lo que Jim interrogó: las quieren muertas o desmayadas. La carcajada no se hizo esperar, ripostando que les explicara cómo era eso y Jim les respondió:


-Para matarlas utilizo estas pichas (metras) y para desmayarlas utilizo limones pequeños.


 Quedaron pasmados por tanta sabiduría. Desde ese día fue bautizado como Jimgallina.






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domingo, 8 de febrero de 2015

EL VUELO DEL BÚHO - Corriendo la carrera.

Corriendo la carrera

Juan José Prieto Lárez

San Mateo, pueblito oriental que sirvió por muchos años como parada obligada en el viaje a lo más intrincado del sur venezolano. Una carretera asfaltada, achinchorrada y peligrosa atraviesa la inmensidad sabanera sembrada de balancines chupando lo que el diablo tiene en sus entrañas. Una estación de gasolina, un cementerio, una oficina de correos y unos mil habitantes fue todo cuanto yo conocí desde la primera vista al llegar a la cima del cerro Guaraguao. Allí pasé unos días con mi abuela Obdulia, mi tía Emery, y mis primos Zenaide y Franklin. Fueron mis primeras vacaciones fuera de Margarita.


No había mucho qué hacer allí, a no ser de los domingos que hacían carreras caballos en una calle terrosa que se estiraba entre ceibas frondosas, todos acabábamos vestidos de polvo. Por las noches nos sentábamos en la bomba a contar los carros y camiones cargados de ganado con rumbo cierto entre la oscurana. Con algunos nuevos amigos nos íbamos a buscar mereyes y semillas para tostar. Otras veces me quedaba con mi tía atendiendo aquella oficina donde de vez en cuando recibíamos una carta para entregar a fulanito. Así conocí casas con sus gentes dentro abrazadas por el calor brotado del zinc. Había un prefecto Heraclio Figuera, sin prefectura, su casa servía de reclusorio para algún borrachito, que más temprano que tarde era puesto en libertad. Plutarco Trías era un muchacho avispado y atendiendo al ocio trajo la idea desde Puerto La Cruz de los remates de caballos. Enseño a los otros a jugar y la fiebre se extendió a tal punto que el prefecto en vista de la merma de sus ganancias en las carreras locales se propuso combatir el promisorio entretenimiento que escandalizaba la ciudadanía.


Llegado el momento y sometido Plutarco al destierro lúdico, el prefecto se hizo cargo del remate alejándose de su investidura de primera autoridad. Un día que se corría el Clásico Simón Bolívar la muchedumbre se reunió en un morichal para lo que se presagiaban apuestas jugosas. Plutarco había esperado tranquilamente ese día, se había hecho mecánico y latonero. Con estas destrezas armó un viejo Falcó y lo pintó de verde aceituna, por las tardes lo pulía en secreto. Ese día domingo en la madrugada, como lo había planeado, fue hasta la medicatura y le extrajo la sirena a la desvencijada ambulancia donde jamás se subió a nadie con nada grave, solo sirvió para dar colas. Con anterioridad, para no levantar sospechas, había comprado un tobo rojo.


Ese día domingo no salió de su casa, pero estaba en el improvisado garaje con su obra maestra colocándole la sirena. Al tobo le hizo dos huecos por donde pasara una cabuya. Escuchando por radio las carreras esperó pacientemente la hora del clásico. Se montó en su carro y se fue despacito hasta esconderse entre matorrales a unos quinientos metros de los empedernidos jugadores. Cuando los ejemplares salieron en carrera, él también salió con el grito de la sirena y el tobo rojo amarrado al techo. La estampida de los rematadores fue descomunal: ¡coño la guardia, nos jodimos! gritaron y yo que soy el prefecto ¡nojoda!, dijo Figuera con los ojos fuera de sus cuencas. Plutarco hizo un fugaz trompo sin darles tiempo de mirar el conductor. Con la misma velocidad guardó el carro y se sentó en la bomba. Uno a uno fueron llegando y les preguntó qué que pasaba: ¡muchacho la Guardia anda como loca!




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LA LENGUA DESNUDA - El poder según Strauss Kahn.

El poder según Strauss Kahn

Juan José Prieto Lárez

Mientras toda Europa deshojaba su destino financiero, que finalmente claudicó a la embestida brutal de una penitente recesión, el director del Fondo Monetario Internacional, entonces, con su bragueta desatada y ominosa, hacía gala del dinero como culto de poder. Cualquier tugurio era refugio de sus rastreros instintos sin importarle un bledo cualquier incendio moral de su compostura oscura, plagada de ciega sodomía. Era el cristal del dominio sobre la debilidad humana por la carencia medida en dinero. Así relucía su temperamento prosaico, de brotes perversos erizando la integridad de sus víctimas.


Su prestigio era el olor de su billetera en un mundo signado por el rostro de Jorge Washington, símbolos éstos que acunaron un escudo poderoso sostenido por la sombra acaudalada que hacía trizas los espíritus desheredados, convirtiendo a las mujeres en antojo mísero, pasionario de la carne ceñida a su infortunio viril. Con los primeros escándalos sexuales de este señor Francia se agitó al conocerlos. El todo poderoso economista y político se había convertido en cazador implacable de desvalidas mucamas de los hoteles donde se hospedaba alrededor del mundo. Pero la guinda del postre en el hotel Sofitel de Nueva York resultó tener la valentía de acusarlo por sus perversiones: intento de violación y agresión. Se trató de una mujer guineana: Nafissatou Diallo. Negando toda acusación las pruebas de ADN dijeron lo contrario, la delación fue admitida.


Por tal atrocidad bajo los efectos del alcohol y quién sabe cuántas pepas de viagra se vio obligado a dimitir al FMI y a su candidatura a la primaria socialista de 2011para las elecciones presidenciales de 2012. El asunto no quedó ahí y seguidamente, como impulsadas por un resorte íntimo de audacia, otras damas contaron su amarga experiencia amatoria con el alto ejecutivo que quiso dominarlas igual que una factura burdelesca. La investigación siguió curso, lento como un río que lleva en su corriente demasiada inmundicia: violación en grupo y proxenetismo son las nuevas caras del otrora poderoso Dominique Strauss Kahn, el hombre que tocó el fondo de sus aberraciones.




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